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viernes, 30 de septiembre de 2011

El Papa en Alemania


Todo el programa de Benedicto XVI a Alemania se resume en una frase: “He venido para encontrar a la gente y hablarles de Dios”.

El Papa ha vuelto a su país natal para hablar de Dios a una sociedad en la que se extiende una progresiva indiferencia hacia las grandes preguntas, una sociedad que duda de que exista una verdad objetiva y vinculante para todos. De esa forma se destruye el fundamento de la libertad, porque sin referencia a una instancia superior, sin el reconocimiento de valores que nada ni nadie puede manipular, el hombre queda a merced del poder.

En el Bundestag (Parlamento), y ante una representación de la comunidad judía, el Papa puso el ejemplo del nacional-socialismo, que mostró de lo que puede ser capaz el hombre que rechaza a Dios. Sin Dios, las cosas no nos van bien, advierte Benedicto XVI, que pone por testigo al siglo XX alemán, con sus dos terribles dictaduras ateas.

Hoy, el reto para los cristianos en esta Europa secularizada es poner a Cristo en el centro de sus vidas para que Dios vuelva al horizonte de todos. Se trata de abrir las ventas, para superar la estrechez de miras que caracteriza el momento cultural. “Donde está a Dios, allí hay futuro”, decía el lema de este Viaje de Benedicto XVI a Alemania. Donde está Dios hay respuesta a los grandes problemas de la sociedad, y esto se percibe ya en las pequeñas cosas de la vida cotidiana, que en Dios alcanzan su pleno sentido. La cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma – del encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa. Con la certeza de la responsabilidad del hombre ante Dios y reconociendo la dignidad inviolable del hombre, de cada hombre, este encuentro ha fijado los criterios del derecho; defenderlos es nuestro deber en este momento histórico.

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